Si quiero lograr tengo que aprender a fracasar...

La vida entera, desde cierta óptica, sólo se trata de lograr (o fracasar). O más bien, todo aspecto de la vida se puede entender como un reto que se logra o no se logra, desde abrocharte las agujetas de tu zapato en la mañana y cenar saludablemente en la noche, hasta alunizar en la luna o alcanzar la completa iluminación. Y, para bien o para mal, lograr también es la vara principal con la que el ser humano, desde la prehistoria, mide su propia valía y la de su prójimo, lo que vuelve al logro un tema céntrico e innegable en la vida del ser humano. La pregunta que por cientos de años se preguntó la ciencia fue, ¿se puede afectar algo para incrementar la taza con la que el ser humano logra en su vida? Y, después de no obtener conclusiones significativas, decidió en vez abordar el problema con una pregunta muy diferente...



¿Qué tienen en común las personas exitosas, los denominados "High Achievers"?


Desde entonces, la teoría del logro (Achievement Theory) por medio de una especie de ingeniería inversa, ha tratado de decodificar los comunes denominadores entre “High Achievers”. ¿Existen entonces comunes denominadores entre Mahatma Gandhi, Roger Federer, Bill Gates y Will Smith? Les cuento el primero de ellos, que es también el pilar fundamental de cualquier “high achiever”. Ah, y casi se me olvida, no es el talento innato…


Tom Wujec y el reto del bombón

Tom Wujec diseñó un experimento social que llamó “El reto del bombón” (The marshmallow challenge) en el cual daba 18 minutos para que grupos de personas construyeran torres de espaguetis lo más altas que pudieran, pero además sosteniendo el peso de un bombón encima de ellas. La competencia entre equipos hacía el reto aún más estresante y, después de replicar el experimento con muchos equipos y anotar los resultados de cada torre jamás construida, Tom tuvo la suficiente información para hacer varias conclusiones importantes.


El hallazgo más impresionante fue el enterarnos de que, en promedio, los niños de kínder se desempeñan tan bien que superan a estudiantes de carreras de negocios, a abogados y hasta superan a directores generales. Pero lo aún más revelador, en mi opinión, fue el identificar la razón detrás del éxito de los niños. La razón por la que los niños de kínder constantemente se desempeñan tan bien es porque por cada intento que realizaban los estudiantes de negocios (peor grupo en promedio), los niños ya realizaban 5 intentos en ese mismo periodo de tiempo. Los estudiantes de negocios o planearon o discutieron de más. Los niños, en cambio e intuitivamente, echaron mano del mecanismo de aprendizaje más básico, pero más eficaz con el que el ser humano cuenta en su arsenal, la repetición. Y no porque suene obvio debemos descartar esta lección, recordemos que los niños son nuestros expertos en aprender. Es más, hay otro grupo de personas que absolutamente no subestima el poder de la repetición. ¿Quién es este grupo selecto de personas? Nuestros afamados “high achievers”.


La repetición no nos gusta como seres humanos y la pregunta es ¿por qué no nos gusta o por qué requiere tanta energía de nosotros? Porque lo que nadie dice acerca de la repetición, es que implica fallar y si no, ¿para qué la necesidad de repetir? En otras palabras, podríamos definir a la repetición como volver a hacer aquello que acabas de no haber logrado (como quisieras). Entonces, la manera en la que logramos cosas es a través de muchísimos no logros consecutivos. Esta ironía de la naturaleza humana es la que las personas exitosas aceptan y abrazan en su totalidad.






¡Conoce a Eugenio Hugler!


Socio fundador de HOUP MX, es Ingeniero Químico Administrador y está certificado por UPENN en psicología positiva. Él se encarga de investigar y adaptar el contenido que se abarca en los diferentes programas.





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